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Vuestros nombres antes de pagar

Preguntas

Lo que se suele preguntar

Y si vuestra duda no está aquí, escribidme. Contesto yo, no hay formulario que se pierda en ningún sitio.

Tenemos abuelos que no se manejan con el móvil, ¿qué hacemos?

Lo mezclamos, que es lo que funciona de verdad: unas veinte invitaciones impresas para los abuelos y la familia más cercana, y la digital para todos los demás. Las impresas os las preparo yo con el mismo diseño que la vuestra, y van presupuestadas aparte. Así no se queda nadie fuera y no imprimís ciento y pico invitaciones para que acaben en un cajón. Y para el resto de los mayores, la digital se apaña bien: se abre pulsando un enlace, como cuando alguien les manda una foto por WhatsApp, sin instalar nada ni registrarse. Lo normal es que los hijos o los sobrinos confirmen por ellos, y en una sola confirmación se pueden apuntar varias personas.

¿Y no parecerá que no es la invitación de verdad?

Es la duda que más me llega. Vuestra invitación no es un mensaje que se pierde hacia arriba en el chat: es una página con vuestros nombres y su propia dirección, que se puede guardar en el móvil y sigue estando ahí meses después. Cada invitado abre la suya y ve su nombre escrito, y cuando dice que viene queda anotado con su menú y sus alergias. Eso es más formal que un papel que se queda en un cajón, porque un papel no contesta.

¿Quién puede ver las respuestas?

Solo vosotros, y ahora hacen falta dos cosas para entrar: vuestro enlace privado y un código de seis cifras que os doy con el pedido. El código se pide una vez en cada móvil y no se vuelve a pedir en un mes. Vuestros invitados ven la invitación y el formulario, nunca las respuestas ni las alergias de nadie. Si alguien intentara adivinar el código, a los cinco intentos se bloquea. Y todo se borra solo a los tres meses de la boda.

¿Cuántos invitados podemos meter?

Los que seáis. No hay límite ni tramos de precio por número de invitados: cuesta lo mismo una boda de cuarenta que una de trescientos. Tampoco hay límite en las confirmaciones que recoge ni en las fotos que suban.

¿Cómo confirman los invitados?

Desde la propia invitación, sin registrarse ni instalar nada. Dicen si vienen, eligen su menú, escriben sus alergias o intolerancias, apuntan a quien les acompaña y a los peques, y os dicen si van a usar el autobús. Cada persona lleva su menú y su alergia por separado, que es lo que necesita el catering. Vosotros lo veis en vuestro panel y os llega un aviso por correo cada vez que alguien contesta.

¿Se puede poner música?

Sí, y va incluida. La invitación lleva un botón de música siempre a la vista, en una esquina: quien quiera oírla la pone, y quien la esté oyendo la puede parar en cualquier momento. En el móvil no arranca sola —los navegadores no lo permiten— y eso está bien: nadie abre una invitación en el autobús y se lleva un susto. Y si os apetece, los invitados pueden dejaros la canción que no puede faltar; eso lo encendéis vosotros, no viene puesto de serie.

¿Cuánto cuesta?

99 €, IVA incluido y un solo pago. Ahí va todo: el modelo que elijáis, vuestras fotos, las confirmaciones con menú y alergias, el panel, la música y las correcciones ilimitadas. El Save the Date suelto son 24 €, y si luego queréis la invitación entera se descuentan de los 99. Y si queréis que la diseñe de cero, con troquel propio, son 179 €. No hay cuotas ni renovaciones. Y si queréis ver qué cobra todo el mercado español, lo tenéis comprobado uno a uno en /cuanto-cuesta-una-invitacion-de-boda-digital.

¿Quién la hace?

Yo, Ruth, una a una y desde Barcelona. No es un configurador donde rellenáis huecos: me contáis vuestra boda y yo escribo lo que vuestros invitados van a necesitar saber, que es lo que hace que no parezca una plantilla. Por eso las correcciones no tienen límite: hablamos hasta que quede como la queréis.

¿Puedo cambiar algo después de haberla enviado?

Sí, y es la mayor ventaja frente al papel. Si se mueve una hora, cambia el restaurante o hay que corregir un apellido, me escribís y lo cambio. El enlace sigue siendo exactamente el mismo, así que quien ya la tenía guardada verá la versión corregida sin que le mandéis nada otra vez.

¿Cuánto se tarda desde que la reservamos?

Contando desde que me mandáis toda la información, tenéis la primera versión en 72 horas. Si alguna semana voy con más carga, os digo la fecha exacta antes de empezar, nunca después. A partir de ahí la vamos ajustando hasta que os guste: las correcciones no tienen límite ni coste. Si vais con prisa de verdad, decídmelo al reservar y lo miramos.

¿Nos la diseñamos nosotros?

No, y es a propósito. No hay un editor donde tengáis que pelearos con tipografías y márgenes. Vosotros me contáis vuestra boda en un formulario y yo la monto, la reviso y os la enseño. Es más trabajo para mí y menos para vosotros, que es justo la idea.

¿Qué pasa si no tenemos fotos buenas todavía?

No pasa nada. Hay modelos que están pensados para funcionar solo con la tipografía y los ornamentos, y quedan preciosos así. También podemos publicar la invitación sin fotos y añadirlas más adelante, cuando tengáis la sesión hecha: como se puede editar después, no hay que esperar a tenerlo todo.

¿Podemos poner nuestra canción?

Esa concreta no, y prefiero contaros por qué. Una canción comercial sonando en una web abierta es comunicación pública, y eso tiene unos derechos que cobran SGAE, AGEDI y AIE aparte del disco o de la plataforma en la que la escuchéis vosotros. No es una manía mía: es una factura que llegaría a vuestro nombre. Lo que sí hay es una pequeña selección de piezas con licencia pagada —piano, cuerda, folk, alguna alegre y alguna que casi no se oye— y elegís la que os pegue. Suena cuando el invitado abre la invitación, nunca antes y nunca de golpe. Y una vez publicada vuestra boda, esa música es vuestra para siempre: no caduca ni se apaga, aunque yo cambie de proveedor dentro de años. La elegís vosotras al rellenar vuestro formulario, después de encargar: hay nueve piezas y las escucháis ahí mismo antes de decidir, o la dejáis en silencio si preferís. Vuestra canción de verdad tiene mejor sitio: en las sugerencias musicales, donde los invitados piden temas y vosotros os lleváis la lista al DJ.

¿Cómo vemos quién ha confirmado?

Tenéis vuestra propia pantalla, que abrís desde el móvil con vuestro enlace privado y un código de seis cifras que os doy con el pedido. Sin crear cuenta y sin contraseñas que recordar: si perdéis el código, me escribís y os lo digo. Ahí sale el total de confirmados, la lista completa con alergias y menús, y un botón para descargarlo todo en una hoja de cálculo que le podéis pasar al catering tal cual. Además os llega un aviso por correo con cada confirmación nueva.

¿Hasta cuándo estará puesta la invitación?

Hasta tres meses después de la boda. Es tiempo de sobra para enseñarla a quien no pudo venir, y coincide justo con el momento en que se borran solos los datos personales de vuestros invitados, que la ley obliga a no guardar más de lo necesario. Antes de que llegue esa fecha os aviso y podéis descargar la lista de confirmados. Si el día de mañana queréis volver a ponerla, se puede: escribidme.

¿Se puede en català?

Sí, y va incluido en los 99 €. La invitación va entera en los dos idiomas y arriba hay un selector, así que cada invitado la lee en el suyo: no tenéis que elegir por ellos, ni mandar dos enlaces distintos. Podéis verla en català en /demo/oliva-ca, que es una invitación completa y no una muestra.

¿Cómo se paga?

Por la misma tienda donde vendo las velas, con tarjeta y con factura automática. Es un pago único: no hay suscripción, ni cuotas, ni nada que se renueve. Y el importe que veis ya lleva el IVA incluido.

¿Y si al final no me convence?

Hablamos antes de llegar ahí. Podéis abrir cualquier modelo en vivo y recorrerlo entero antes de reservar, precisamente para que no haya sorpresas. Y una vez reservada, la vamos corrigiendo juntas hasta que esté bien: no doy una invitación por terminada mientras no os guste.

¿Seguimos con vuestra duda?

Escribidme por donde os venga mejor. No muerdo y no vendo nada a la fuerza.

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